Del asesor fiscal al asesor financiero: cómo las asesorías pueden aportar más valor a las pymes

asesoramiento financiero

En un entorno donde los costes aumentan, los márgenes se estrechan y la incertidumbre es constante, el papel del asesor ya no puede limitarse a presentar balances o impuestos. Las empresas necesitan acompañamiento estratégico, interpretación de datos y capacidad de anticipación. La evolución del asesoramiento fiscal hacia un asesoramiento financiero y estratégico ya está en marcha.

Desde AECEM constatamos que cada vez más asesorías están ampliando su ámbito de actuación. Más allá de las obligaciones fiscales y contables, las empresas demandan apoyo en áreas como la planificación financiera, la gestión de la tesorería o el análisis de la rentabilidad. Una evolución que está reforzando el papel de los asesores como socios estratégicos del tejido empresarial.

La tecnología libera tiempo para aportar más valor a las empresas

Como quedó patente en el V Congreso AECEM, la tecnología y la IA está transformando profundamente el sector de asesorías y despachos profesionales. El Barómetro de la Asesoría 2025 de Wolters Kluwer ofrece un dato interesante al respecto: casi el 50% de los despachos encuestados reconoce que el impulso a la digitalización que está realizando la Administración pública les permite centrarse más en el asesoramiento y reducir las gestiones puramente mecánicas. Esto demuestra que se está dando una evolución hacia un rol más consultivo y menos operativo.

Del dato a la decisión

Según explica Jorge Mansilla, asociado de AECEM y experto en asesoramiento financiero, muchas empresas disponen de balances, cuentas de resultados y datos de tesorería. «La información contable por sí sola ya no es suficiente. Las empresas necesitan entender qué significan realmente sus números y cómo pueden utilizarlos para tomar mejores decisiones”. Ahí, según él, es donde el asesor puede aportar un valor diferencial: en la interpretación.

Un asesor con visión financiera puede ayudar a responder preguntas que preocupan diariamente a cualquier empresario. Desde la básica: ¿estoy ganando dinero realmente?, a otras como: ¿por qué tengo beneficios, pero falta liquidez? o ¿cuánto necesito facturar para cubrir mis costes? Y más avanzadas como: ¿Voy a necesitar financiación en los próximos meses? Y ¿qué área de mi negocio es más rentable?

La respuesta a estas cuestiones exige ir más allá de la contabilidad tradicional. El asesor, reconoce Mansilla, además de ayudar a la empresa a entender qué está pasando y traducirle la información financiera en decisiones accionables, puede detectar problemas antes de que ocurran o incluso identificar desviaciones y oportunidades de mejora. Esto sería un asesoramiento financiero que aporta gran valor a la empresa.

El control financiero para aportar valor al cliente

El año pasado, según datos del Barómetro de la Asesoría el 38,7% de los despachos ya prestaba servicios relacionados con la gestión y planificación financiera, presupuestaria y patrimonial. Un 32,2% ofrece análisis y asesoramiento en financiación.

En esta evolución profesional del asesoramiento a empresas, el control financiero se ha convertido en una de las principales oportunidades para aportar valor a los clientes. No se trata únicamente de elaborar informes, sino de construir herramientas que permitan tomar decisiones.

¿Cómo puede materializarse este nuevo papel del asesor financiero? Existen diversas herramientas y metodologías que permiten aportar valor real al cliente.

Creación de un cuadro de mando financiero

Mansilla expone que una de esas herramientas es el cuadro de mando financiero, el cual debe ser claro, visual y adaptado a cada cliente. “El objetivo no es generar más información, sino simplificarla y enfocarla en lo realmente importante”.

Entre los indicadores más relevantes destacan la evolución de ingresos, los márgenes operativos, los costes fijos y variables, el punto muerto, la liquidez y solvencia o la comparativa entre presupuestos y resultados reales.

Cuando el asesor incorpora presupuestos mensuales y análisis de desviaciones, deja de actuar únicamente como proveedor de información histórica y pasa a convertirse en un apoyo estratégico para la dirección. Y, según Mansilla, esto permite al cliente detectar rápidamente qué áreas están funcionando, qué líneas están perdiendo rentabilidad o qué decisiones debe corregir antes de que el problema crezca.

Análisis de tesorería o cash flow

Muchas empresas facturan, pero tienen problemas de tesorería. Y en la mayoría de los casos, el problema no está en las ventas, sino en la gestión del flujo de caja. Aquí el asesor tiene una gran oportunidad para aportar valor diferencial. Mansilla reconoce que “un buen control financiero debe incluir cash flow operativo, de inversión, financiero así como proyecciones de tesorería a 30, 60 y 90 días y necesidades futuras de financiación”.

El verdadero impacto para el cliente aparece cuando el asesor es capaz de anticipar escenarios como la falta de liquidez por desajuste entre cobros y pagos o la necesidad de financiación temporal.

Mansilla expone este caso para demostrar lo comentado. “Una empresa tenía una rentabilidad neta en torno al 8%, pero ese dinero no lo veía en sus cuentas, fue entonces cuando realizando el análisis de la tesorería correspondiente concluimos rápidamente que la parte de los cobros tenían un desfase importante y había una necesidad de financiar el circulante de la empresa, por lo que resolvimos y cubrimos la tesorería como correspondía”

Visualización y reporting

Otro ámbito del control financiero donde el asesor puede aportar valor a la empresa es en la visualización de la información. Esto, mediante gráficos de evolución, indicadores visuales, análisis de tendencias o semáforos financieros.

Para este asociado de AECEM, “cuando el cliente entiende la situación de su empresa de forma más rápida es cuando aumenta la utilidad real del informe y se refuerza la percepción de valor del servicio de asesoría”.

Generación de conclusiones y recomendaciones accionables  

Análisis o recomendaciones como “El margen del servicio ha caído un 8% debido al aumento de costes no repercutidos”, “existe capacidad de ahorro renegociando determinados proveedores” o “la empresa puede tener tensión de tesorería en 45 días si no ajusta el ciclo de cobros” ayudan a la empresa a tomar decisiones rápidas y fundamentadas. Y, así mismo, hace que perciba que la asesoría está ayudándole activamente a mejorar el negocio, no solo a presentar impuestos.

La rentabilidad de la asesoría también está en juego

Esta evolución del asesoramiento fiscal al asesoramiento financiero beneficia a las empresas. Y también a las asesorías ya que los clientes perciben un valor extra, más de acompañamiento estratégico. Este cambio permite construir relaciones más sólidas y duraderas, menos vinculadas al precio y más al valor aportado.

La tecnología y automatización seguirán reduciendo el peso y valor de muchas tareas que realiza el asesor. Sin embargo, la interpretación de datos, anticipación de escenarios y el acompañamiento a las empresas en la toma de decisiones seguirá creciendo. En ese contexto, el futuro de la profesión pasa por combinar conocimiento técnico, capacidad analítica y visión empresarial. El futuro de la asesoría ya no pasa únicamente por gestionar obligaciones, sino por ayudar a las empresas a tomar mejores decisiones.

La Asociación Española de Consultores de Empresa (AECEM) agrupa a más de 1000 consultores, asesores y abogados, fomentando una cultura asociativa. AECEM proporciona todo el soporte necesario a asesores y consultores de empresa, representando sus intereses ante organismos e instituciones.

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